
¡Hola! Es Vanessa y, como muchas saben, vivo en Panamá junto a mi esposo Christian y mis tres hijas: Annika, Verónica y Carlota. Mi rutina diaria se divide entre mis labores como madre, escritora freelance para revistas de estilo de vida y los quehaceres del hogar.
Un día, durante una conversación con mi amiga Claudia, ella me comentó con entusiasmo:
—¡Me encanta leer tus artículos! Cada una de tus historias me hace sentir como si la estuviera viviendo. ¿Por qué no escribes una novela?
Confieso que, aunque me sentí halagada por el cumplido de Claudia, le sonreí con un leve dejo de burla para mi misma, y le respondí con total sinceridad:
—¿Y sobre qué escribiría, Clau? Además, ¿quién la leería? En ese momento, simplemente no podía visualizar su sugerencia.
Sin embargo, aquellas palabras de Claudia no se disiparon con la conversación. Al contrario, comenzaron a rondar en mi mente, apareciendo en los momentos más inesperados y sembrando en mí, una semilla de confianza. Llevaba 25 años dedicada al periodismo escrito, pero jamás se me había ocurrido escribir un libro. Con el paso del tiempo, la idea se volvió una constante en mi cabeza, una especie de llamado que no podía ignorar, hasta que, sin darle más vueltas al asunto, decidí aceptar el reto que Claudia me había planteado.
Pero, no quería escribir cualquier historia; deseaba que fuera algo que me entusiasmara, que tuviera un lazo afectivo conmigo, sin desnudar por completo mi vida personal. Así que, que lo primero que hice fue abrir el baúl de los recuerdos y desempolvar momentos que habían dejado una huella imborrable en mi memoria. Era un ejercicio que había oído alguna vez era sano realizar, pero al que jamás le había dado importancia.
Para mi sorpresa, la mayoría de esos recuerdos tenían un denominador común: el nacimiento, tan complicado, de mis gemelas idénticas y el vínculo especial que compartían. Con ese hallazgo, todo apuntaba a que la supuesta novela se transformaría en un cuento para niños. Tenía mis reservas. Acostumbrada a escribir para adultos, la sola idea de adentrarme en la literatura infantil, no terminaba de convencerme. Pero había una voz en aquellos recuerdos que me susurraba que ese cuento era más que una historia: era un legado precioso tanto para mis gemelas como para mi hija mayor, Annika.
De la idea al papel
Antes de lanzarme a escribir, decidí investigar un poco. Navegué por internet en busca de cuentos infantiles protagonizados por gemelos y, para mi sorpresa, encontré solo unos cuantos. Ese vacío en la literatura infantil no me desanimó; al contrario, encendió aún más mi entusiasmo. Así que, con cautela y con el corazón lleno de ilusión, me senté frente al teclado y comencé a escribir el primer borrador de una historia inspirada en mis gemelas. En ese preciso instante, sin darme cuenta, empezó a cobrar vida algo verdaderamente especial.
Para ello, busqué a una editora que me guiara en esta nueva aventura. Después de todo, era la primera vez que escribía un libro. Luego, me di a la tarea de encontrar a la ilustradora ideal: alguien capaz de dar vida a mi historia con imágenes cautivadoras que despertaran empatía y crearan una conexión con los personajes del cuento. Por fortuna, encontré a Gioia, una joven dibujante con un talento increíble y una sensibilidad maravillosa.



Con el texto y las ilustraciones en marcha, llegó el momento de elegir la imprenta. Exploré varias opciones, pero descubrí que no muchas en la ciudad trabajaban con tapa dura. Y yo lo tenía claro: mi cuento debía ser más que un libro; quería que fuera una pieza especial, tanto para leer, como para decorar las habitaciones o cuartos de juegos de sus pequeños lectores.
Fueron dos meses de trabajo entre el texto y las ilustraciones. De hecho, tuve que adaptarme a un lenguaje que conectara con los niños, simplificando mis palabras. Sé que pensaran: «¿Pero si has escrito durante 25 años, por qué te costó trabajo?». Bueno, aunque no lo crean, no soy muy dada a hablarles a los niños, como niños. Incluso, con la ayuda de Ana, mi editora, añadí un glosario al comienzo del libro para facilitarle a los pequeños lectores, la comprensión de ciertas palabras. Además, me costó incorporar expresiones más vibrantes que captaran su atención, y hasta me tocó aprender a representar los sonidos de animales con letras.
Por otro lado, pasé por numerosas dudas. No sabía si narrar la historia en primera o tercera persona, y solo cuando el cuento estaba por llegar a su fin, mi editora me hizo ver algo inesperado: el cierre que había elegido, tenía el potencial perfecto para dar inicio a una colección de cuentos.
–Vanessa, esta podría ser solo la primera de muchas aventuras de las gemelas Luna y Estrella. Creo que no deberías detenerte en un solo libro, sino escribir varios, cada uno con una historia diferente–comentó la editora.
Nace un libro
La narrativa había quedado tal como la había imaginado, y las ilustraciones la realzaban de manera espectacular. Sin embargo, las dudas me seguían asaltando. La mayor de todas era una inquietud persistente: ¿sería mi libro lo suficientemente atractivo para el público más exigente de todos… los niños?
–Si no me lanzo ahora, nunca lo sabré– me dije a mí misma. Con esa determinación, inicié el proceso de registro en la Biblioteca Nacional de Panamá y, sin más demora, envié el texto y las ilustraciones, ya debidamente diagramadas, a impresión. En solo dos días, el libro obtuvo su cédula o ISBN, y en diez, los ejemplares estaban impresos y listos para ver la luz.



Por temor a la incertidumbre, opté por imprimir unos pocos ejemplares, pero para mi sorpresa, se vendieron todos en menos de una semana. Igualmente, fui invitada a leer mi cuento en dos salones de primaria de la escuela de sus hijas y en dos colegios más de mi ciudad natal Barranquilla, a solo unas cuantas semanas de la publicación del libro.



Leer frente a una audiencia infantil no era precisamente mi zona de confort. Sin embargo, contra todo pronóstico, aquella experiencia me impulsó a lanzar un nuevo tiraje de ejemplares. Hoy, con mayor confianza en mí misma, mi libro ya forma parte del catálogo de dos de las librerías más reconocidas de Panamá. Además, fui invitada a participar en la Feria Internacional del Libro de Panamá 2025.
El segundo libro de mi colección promete ser aún más emocionante, con la introducción de dos nuevos personajes masculinos que se unirán a Luna y Estrella en una aventura inolvidable. Esta vez, el escenario será un misterioso bosque lleno de secretos y magia donde la naturaleza jugará un papel clave en su travesía.



0 comentarios